miércoles, 4 de julio de 2007

Guerrerenses en Chicago

¿Quiénes son los guerrerenses que habitan en Chicago? ¿Qué hacen, dónde trabajan, cómo viven? A estas y otras interrogantes da respuesta el autor de esta serie especial quien tuvo que experimentar todo el trayecto para llegar a la principal ciudad del estado de Illinois. Este trabajo es una síntesis de una investigación mucho más amplia titulada El Guerrero de allá… los guerrerenses radicados en Chicago, Illinois, publicada en el periódico El Sur - febrero del 2005.


Por Marco Antonio Mönge Arévalo

Llegó la migración y vio la camioneta en que veníamos.
— ¡La migra! —dijo el chofer.
Pero en eso no sé qué le pasó a la camioneta o qué le falló, y éste le dijo a su acompañante:
— ¡Jálate, jálate!
— ¡Pero no puedo! —le contestó su compañero coyote nervioso.

El coyote se aventó hacia donde estábamos nosotros para que no descubrieran los de migración que él era coyote, y se fue corriendo hacia el monte. El otro coyote, el que iba al volante, se quedó con nosotros. Entonces llegó el agente de migración, pero en lo que bajábamos, el coyote agarró la hija de mi amiga. Al abrazarla se escoltó con ella.

El migra le dijo al coyote que levantara las manos y que abriera la puerta de la camioneta, pero no hizo caso, así que el oficial la abrió; cuando levantó la portezuela de atrás el agente vio el montón de personas. Éramos como 30. En eso que estaba alzando la portezuela el oficial, el coyote aprovechó para aventarle encima a la niña, pensando que el policía la iba a agarrar, pero no la agarró y la niña cayó al suelo; se raspó toda la mano derecha y parte del brazo. Hasta la cara se golpeó…

El testimonio anterior es sólo parte de uno de tantos de los infortunios que los migrantes guerrerenses tienen que sortear al tratar de cruzar la frontera norte de México, y emigrar a los Estados Unidos.

Este fenómeno se debe, en gran medida, a la falta de empleo en el estado de Guerrero —no obstante, un nuevo estudio hecho por este autor (entre abril y agosto del 2005), revela que más del 40 por ciento de los migrantes guerrerenses tenía un trabajo fijo, pero mal pagado antes de llegar a Estados Unidos—; aunque también se incluyen algunos factores como: la reunificación familiar, la desintegración familiar, la búsqueda de mejores oportunidades de vida o por tradición. Factores que incitan a los oriundos del Estado de Guerrero a emigrar al vecino país del norte. En especial a la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois.

Según datos del consulado general mexicano el 11.5 por ciento del total de los mexicanos en Estados Unidos son guerrerenses. Estas cifras son reveladoras al momento de entender la importancia que tiene la comunidad guerrerense en Chicago, ya que según el censo de población norteamericano del año 2000, en ese país se encontraban habitando 950 mil guerrerenses.
Actualmente viven cerca de 350 mil guerrerenses sólo en la ciudad de Chicago, es decir, el 11,36 por ciento del total de habitantes que reportó el INEGI en Guerrero para el año 2000, ó 18 mil 392 guerrerenses más que la población que reportó el INEGI en el año 2000 en los siguientes municipios del Estado de Guerrero: Chilpancingo, Iguala y Atoyac de Álvarez.


Las rutas
De los más de tres mil kilómetros que constituyen la frontera entre México y Estados Unidos, el paso hacia, o desde Estados Unidos "se realiza sólo por 23 localidades aproximadamente, ocho de las cuales concentran a más del 90% del flujo migratorio en las dos direcciones"(Santibáñez Jorge, 1994). Al llegar a la localidad de cruce, los migrantes guerrerenses toman transportes foráneos de la localidad; por ejemplo: aeropuertos, centrales de autobuses o estaciones de tren. Las rutas más transitadas por los guerrerenses son: Sonora y Nuevo Laredo. Ciudad Juárez en menor proporción.


El 6 de julio de 2004 este autor hizo su primera incursión a lo que es la frontera norte de México, conocí Nuevo Laredo, Tamaulipas, un lugar que va más allá de cualquier cantina grande o mercado farmacéutico (abundan las cantinas y las farmacias). Además de ser una frontera donde se quedan las ilusiones y empiezan los sueños de los migrantes guerrerenses.

Llegué a la terminal de autobuses en Nuevo Laredo. Eran las 7:30 de la noche. En un instante me vi rodeado por coyotes ofreciéndome sus servicios "para pasar al otro lado". Con esto me di cuenta, que la vida está plagada de casualidades que cambian la vida de cualquier mortal y hasta la de los inmortales.

Por uno de estos coyotes, conocí a dos guerrerenses que habían sido deportados cuando intentaron cruzar el Río Bravo.

Uno de ellos (Héctor) que tenía sólo 17 años de edad, originario de Tlapa de Comonfort, fue asaltado en el camino. El otro era un señor (Ramiro) de 42 años de edad, nativo de Iguala.
Los dos guerrerenses platican conmigo que viajaron —cerca de 850 kilómetros— en avión. En sus rostros se observaba que para ellos el viaje desde el Distrito Federal hasta Nuevo Laredo en aeronave fue una aventura inolvidable, pues era la primera vez que se subían a un avión. Ahí estábamos, a fuera de la terminal. Ramiro se veía agotado. Su vestimenta entre sucia, denotaba que no se había cambiado al menos por dos días. El señor observaba a su alrededor un tanto ansioso mientras comentaba lo que le había ocurrido un día anterior: "ayer en la mañanita iba yo con el coyote y un grupo de gentes que también iban a cruzar por el río (Bravo), caminábamos alrededor del Puente Uno. Yo veía que no estaba tan fuerte la corriente del río, y el coyote nos aseguró: 'yo creo que sí lo cruzamos"'.

— ¿Y qué pasó? —pregunté, mientras sacaba mi grabadora reportera. Pero no me dio tiempo ni de aplastar el botón para grabar. Ramiro chasqueó la lengua y me indicó que prefería que charláramos "así nomás, sin grabar nada". Desistí de sacar la grabadora y volví a preguntar.

— No, pues no lo pasamos, ni siquiera lo intentamos —contestó mientras veía nervioso cómo guardaba mi grabadora—. Cuando llegamos a la orilla del río, la corriente estaba demasiado fuerte. El coyote nos dijo que nos esperáramos a que se calmara la corriente —hizo una pausa se llevó la mano a la boca; eructó y añadió— Al río Bravo hay que tenerle respeto. Ahí te hundes y te mueres ahogado.

Y es que no es para menos. Ya que sólo en el 2003, según la Fundación Rural de Asistencia Legal de California, 15 migrantes perecieron ahogados en el sector Laredo de la Patrulla Fronteriza.
A pesar de todo una sonrisa se le dibuja en los labios al momento de decir que lo intentaría al día siguiente, como olvidando la frustración de no haber podido pasar.

El mismo guerrerense contó que hacía dos años que intentó cruzar por ese rumbo y que los agarró la migra: "esa vez nos agarró la migra ya en el otro lado, ya estábamos en Estados Unidos".

—¿Y qué les hizo la migra? ¿A dónde los llevó? — interrogué.


—No, pues nos agarró como animales. Nos esposaron.


Lo miré de forma interrogativa y reafirmó: "sí, aunque no lo crea, hasta a las mujeres las esposan. Esa vez había una señora con sus chavitos… No mano, hasta a ella la esposaron y a los chavos —El guerrerense se cruzó de brazos y fijó su vista al horizonte y prosiguió—. No, si son bien ojetes los de la migra. Había entre nosotros unos cuates que eran de Oaxaca, y vas a creer que los confundieron con guatemalecos —volvió a chasquear la lengua—, ya los iban a mandar hasta Guatemala. Pero lo bueno fue que traían sus actas de nacimiento. Se las enseñaron a los de la migra, y ya, nos mandaron pa'cá.

Mientras observaba desconfiado que no sacara mi grabadora afirmó: fuimos obligados a formarnos en fila india esposados y encadenados; nos tomaron la foto del recuerdo —lo decía con simpatía, como burlándose de su suerte.


Camino a la ciudad de los vientos
Héctor es un chico de 17 años de edad. Por su apariencia a primera vista, creí que era de la Costa Chica de Guerrero (pelo chino, tez morena, ojos grandes y nariz ancha); sin embargo, no tiene el acento particular de los nativos de esta Región. Él comentó, que era de Tlapa de Comonfort: "aquí me asaltaron", dijo el joven, "me quitaron un dinerito que traía. No me golpearon eso sí, pero me quitaron mi dinero, iba yo con un grupo de chinos y polacos. Yo y el coyote éramos los únicos mexicanos. A todos nos quitaron el dinero. Después llamé a mi hermano que vive en California; me mandó dinero y con eso es con lo que voy a pasar horita".

— ¡A horita! — curioseé sorprendido.


—Sí, ya nada más falta uno —se refería a alguna persona que quisiera pasar ilegalmente—. Por eso te habló el coyote, para ver si querías "pasar".

— ¿A qué hora salen?

— En media hora —contestó.

— ¿Y no tienes miedo que te suceda lo mismo? ¿Que te asalten?


— La mera verdad sí, pero qué quieres que haga. La neta prefiero correr los riesgos.


Pasó la media hora que había dicho Héctor. La verdad es que yo iba contando los minutos, pensando en cómo podría ir con ellos sin pagarle al coyote, ya que mi raquítico presupuesto no alcanzaba para pagar mil 500 dólares que exigía: "si quieres venir tienes que pagarme. Este es mi trabajo, de otra manera no puedes ir con el grupo. Es peligroso", me condicionó.


Eran las 9:39 de la noche; transcurrió una hora con 23 minutos desde que Héctor me afirmara que se irían en media hora. Para bien o para mal, no puede convencer al coyote que estaba realizando un trabajo especial y que no llevaba suficiente dinero, para pagarle el "cruce". Se fueron.

Entré a las instalaciones de la terminal. No dormí durante esa noche. El ambiente se tornó denso y deprimente.


Llegó la hora de irme; pasé la frontera sin ningún imprevisto. El río Bravo a pesar de que en esa época no tenía mucha agua, se observaba imponente. En el puente que atraviesa el río se deja ver una placa que dice: "Boundary of the United States of America".


El Viaje en autobús
Ya en el autobús Greyhaund, poco a poco entrábamos a territorio norteamericano. Ya en Nuevo Laredo Texas, desde al autobús, observé en la calle a un hombre trajeado, alto, robusto y con lentes oscuros, y a su lado un agente de la Patrulla Fronteriza, con el pelo cortado a rape y lentes oscuros quienes detuvieron el camión.

En eso se dejó ver una larga fila de deportados, hombres y mujeres, amarrados con esposas de pies y manos de uno a uno. Casi todos tenían las mismas características (corta estatura, pantalón y tenis cubiertos de lodo seco). Preparé mi cámara fotográfica y tomé algunas fotografías.

Todos caminaban obedientes en fila india y en silencio mientras observaban al autobús. Mi sorpresa fue enorme cuando me di cuenta que entre ellos iba Héctor, el guerrerense de 17 años, que la noche anterior había charlado conmigo.

Cada migrante guerrerense tienen su aventura; sin embargo, con peligro o sin él, los guerrerenses transitan por la frontera norte con un solo propósito: llegar a Estados Unidos. Sin importar si son asaltados, heridos o muertos en su intento.
Ciudad Juárez y Sonora, son lugares que están infestados de pandilleros y policías dispuestos a extorsionarlos.

Y el resto de los puntos de cruce —Ciudad Miguel Alemán, Díaz Ordaz y Camargo, o hacia el otro lado, en Villa Hidalgo, Coahuila—, se corre el mismo riesgo.


Chicago, Illinois.
El autobús avanza. Estamos a las afueras de la ciudad de Chicago. Me doy cuenta que es "La ciudad de los vientos" porque a lo lejos se distinguen sus enormes edificios. Sobresale la Torre Sears; se ve perfectamente inmóvil —aunque los expertos opinan que se balancea 25 centímetros cuando sopla mucho el viento—, y el esplendoroso lago Michigan a la orilla de la ciudad.
Chicago se encuentra situado en el Estado de Illinois, a la orilla occidental del lago Michigan; es la ciudad más importante de ese Estado cuya capital es Springfield, y la tercera ciudad más grande de los Estados Unidos. Esta urbe se caracteriza por ser un floreciente centro industrial, con fábricas de alimentación, mecánica, electrónica, textil, química, petroquímica entre otras. A esto hay que añadir sus enormes edificios, su amplio y moderno puerto, junto con una densa red de ferrocarril y de carreteras.

Chicago es el principal centro de transporte en los Estados Unidos y el primer puerto aéreo.
En cuanto a agricultura, Illinois encabeza la producción de soya y se sitúa en segundo lugar en la producción de maíz, después de Iowa.

La mayor fuente de empleo de Chicago es la industria de productos eléctricos, seguida por las industrias siderúrgicas, de maquinaria, metalúrgicas, alimentaria, gráfica, química y de equipos de transporte.
Es, además, un importante centro cultural, no sólo por su notable actividad editorial, sino también por albergar numerosas universidades, bibliotecas y museos, sin olvidar, su inigualable tradición de música jazz y blues.

Chicago es conocida por ser una de las ciudades con más viento de los Estados Unidos, de ahí su mote. Durante el invierno las temperaturas son bastante bajas, llegan a sobrepasar los -15 grados centígrados bajo cero, aunque la nieve no supera los 40 centímetros. Por otra parte, en verano —la época en la que nos tocó realizar la investigación— las temperaturas son más elevadas, alcanzando los 35 grados centígrados o incluso más, y con una humedad bastante alta.
Chicago cuenta con un área territorial de 230 kilómetros cuadrados; con una población de 2.9 millones de personas, entre ellos, cerca de 350 mil guerrerenses.

Esta ciudad es una de las favoritas de los oriundos del estado de Guerrero. El número de guerrerenses en esa ciudad ha llegado a tal grado, que actualmente son la cuarta comunidad en tamaño, después de Michoacán, Zacatecas y Jalisco.


La vivienda, la educación y la salud
Como se observa en la gráfica de al lado, el municipio que con más migrantes-guerrerenses en Chicago es Taxco de Alarcón con un 30 por ciento, seguido de Iguala y Huitzuco con 21.60 por ciento. Observamos además, que la región Norte del estado es de donde emigran más guerrerenses a Chicago.

Por lo regular son familiares, primos, hermanos, esposos e hijos quienes comparten un departamento. Esto se debe a que no existe suficiente vivienda de interés social para cumplir la demanda; y porque las casas tienen un costo de 90 mil dólares aproximadamente, la casa promedio en los suburbios cuesta cerca de 180 mil dólares.
En la investigación de campo pudimos observar que en el rubro educativo los hombres tienen menor rango de estudios pues mientras que el 65 por ciento de los hombres se encuentra entre los tres, seis y siete años de educación, las mujeres suman entre siete y nueve años de educación, lo que da un 78 por ciento.

En cuanto al lugar en el que cursaron su último año de estudios, prácticamente el 90 por ciento de nuestros entrevistados fue educado por el Estado guerrerense, mientras que el 10 por ciento cursó su último año de estudios en la ciudad de Chicago. Tomando en cuenta de que se trata de residentes habituales, se confirma que el uso de servicios educativos por parte de los migrantes-guerrerenses es mínimo, más aún si consideramos que, como veremos más adelante, se trata de población laboralmente ocupada.

Otro de los factores que impide el buen desenvolvimiento escolar es, que, hay muchos niños cuyos padres trabajan y llegan a sus hogares fatigados, lo que origina que cuando los niños salen de la escuela, al llegar a sus hogares, no encuentran quién los apoye para hacer sus actividades escolares. Así lo afirma Isidro Arroyo, actual vice-presidente de la Federación de Guerrerenses en Chicago: "Los guerrerenses somos personas que venimos a progresar; básicamente los que llegamos a este país nos olvidamos de que muchas veces somos gente con muchas necesidades, y las principales son económicas, de manera que para la gente su meta principal es llegar a trabajar. Somos pocos los que llegamos a prepararnos y estudiar, porque no hay tiempo para eso; las necesidades inmediatas son bastante fuertes, y es la cuestión de la economía; de manera que precisamente por eso no hemos progresado en cuanto a educación se refiere". La necesidad monetaria hace que pocos guerrerenses tengan una preparación escolar que les permita avanzar en el desarrollo educativo.

Muchos guerrerenses jóvenes asisten a escuelas (High school, el equivalente a un grado de secundaria y preparatoria, en México) como Benito Juárez y Roberto Clemente localizadas en el área sur de Chicago. Otros pocos estudian en colegios acreditados.

En la ciudad de Chicago pudimos observar que en cuanto a la cuestión educativa hay algunos centros de educación en donde todos los programas son gratuitos (hasta la High school) y en escuelas especializadas en el idioma inglés. En estas escuelas las clases son gratuitas, lo único que pone el alumno es el material a utilizar. Estas escuelas dan sus servicios en un programa bilingüe.

A pesar de lo anterior es muy difícil que los guerrerenses lleguen a realizar estudios universitarios, ya que las colegiaturas están por arriba de los seis mil dólares mensuales. Aparte, su condición migratoria no les permite ser poseedores de becas; y por si fuera poco, tienen que trabajar, y muchos de ellos le dan preferencia al trabajo.

Otros jóvenes ven en el Ejército estadunidense, una opción para continuar sus estudios. Tal es el caso de Eugi Loeza Cruz, de El Embarcadero, municipio de Coyuca de Benítez, quien estuvo combatiendo en Irak.

El motivo para que este joven (ahora sargento) se reclutara en el Ejército de Estados Unidos, fue, el deseo de continuar sus estudios universitarios.

Según la periodista Raquel Santiago Maganda, el 13 de mayo de 1997, el guerrerense decidió incorporarse a la milicia para seguir sus estudios de nivel universitario en Estados Unidos.
Es así como muchos jóvenes mexicanos ven en el Ejército una buena opción para continuar estudiando, ya que obtienen prestaciones como casas, estudio y un excelente salario que les permite mantener una buena calidad de vida en ese país.

Durante nuestra estancia en Chicago, observamos que la propaganda militar también va dirigida a la comunidad hispana, masculina y femenina. Ya sea por televisión, carteles pegados en puntos estratégicos o en radio. Su lema propagandístico es: I´m the Army (Yo soy el Ejército).


La salud
Aunque enfermarse en Estados Unidos tiene un costo demasiado alto, y no todos obtienen los beneficios. En cuanto a salud, hay algunos centros en Chicago donde a los guerrerenses radicados en esa ciudad, se les ofrece los servicios con una cuota muy baja. A veces, si no tienen recursos, no pagan, pero sólo a veces. Hay hospitales de gobierno que ofrecen atención médica.

Fabián Morales, presidente de la Federación de Guerrerenses en Chicago, precisa: "hay otros servicios ya más delicados, más costosos, como lo es el trasplante de órganos, que ahí sí hay una carencia y una necesidad; cuando hay (transplantes), se les apoya a los guerrerenses lo más que se puede, en todo caso es para aliviar un poco su pena, su situación, su malestar, pero no los alivia".

Nuestro reporte indica que el 96.67 por ciento de los guerrerenses no cuenta con Seguro Social, y el 3.33 por ciento sí. Esto se debe básicamente a su estatus migratorio, lo cual les impide tener Seguro Social. El resto que sí lo tiene son guerrerenses cuya condición migratoria es de nacionalizados estadunidenses o residentes.


El mercado laboral y los mecanismos de organización social
Existe un consenso general acerca de la importancia económica que tienen los trabajadores guerrerenses en Chicago, que podemos sintetizar en lo siguiente.

Constituyen una fuerza de trabajo barata por los bajos salarios que perciben, lo cual contribuye a que se reduzcan los costos de producción de las empresas contratantes.
Significan una fuente permanente de mano de obra, que el Estado regula a través de sus políticas migratorias, según convenga a sus ciclos económicos.

Presionan a la baja las condiciones de trabajo, el salario y los derechos laborales de los trabajadores estadunidenses.

Pagan cuantiosos impuestos por concepto de su trabajo y consumo.

Subsidian a la economía norteamericana al no percibir fondos de pensión.

Los guerrerenses en Chicago tienen una tasa de desempleo baja; sin embargo, valoran mucho sus trabajos, lo cual ha generado que los negocios dependan mucho de su fuerza laboral. Por los datos obtenidos en nuestra encuesta podemos afirmar que la mayoría de los oriundos de Guerrero se desempeña en el sector primario y una mínima cantidad en el secundario y terciario. De estos podemos agrupar los siguientes:

Sector primario: construcción, descarga y carga de trailers, vendedores ambulantes, restaurantes (meseros, cocineros, lavaplatos, limpieza, cajeros etc.), hoteles (limpieza, encargados de área), fábricas, yarda (podadores), encargados de pequeños negocios (carnicerías, tiendas de abarrotes, lavanderías, etc.), taxistas, centrales aéreas y de autobuses (limpieza) y niñeras.

Sector secundario: este sector es poco ocupado por los guerrerenses, ya que esta fracción es principalmente ocupada por los estadunidenses por lo que sólo algunos originarios de Guerrero se pueden ubicar dentro de este rango.

Sector terciario: los comerciantes guerrerenses tienen una pequeña participación en el área latina, y contribuyen a revitalizar el comercio local. Esto se debe al esfuerzo de los guerrerenses, ya que la mayoría llega con la idea de un mejor por venir. Algunos guerrerenses trabajan un tiempo en fábricas, otros en restaurantes y cuando empiezan a aprender las destrezas del ramo, ahorran dinero, comienzan a manejar el negocio y abren el suyo dependiendo de sus aptitudes.

Tal es el caso de Francisco Martínez que tiene su carnicería Iguala Guerrero en una de las zonas comerciales latinas más importantes en Chicago, conocida como La Villita.


Los clubes de oriundos guerrerenses radicados en Chicago
En un principio, los clubes de guerrerenses radicados en Chicago, se formaron principalmente con vecinos de las mismas comunidades del estado de Guerrero –sobre todo de la Región Norte; se reunían en torno a las festividades de los santos patronos de cada pueblo y los festejos de los días patrios de México.

Los guerrerenses fueron los pioneros en organizarse en clubes en la ciudad de Chicago, así lo afirman Isidro Arroyo vicepresidente de la Federación de Guerrerenses en Chicago: "Nosotros fuimos los pioneros en organizarnos en clubes; una vez que logramos la apertura de un camino en nuestra comunidad, otras entidades nos imitaron. Varios se fueron acercando a nosotros para preguntarnos la mejor manera de organizarse; compartimos con ellos nuestras experiencias y se iniciaron otros Clubes".

Los guerrerenses comenzaron a organizarse en 1980. El enfoque que tenían los clubes era de organizarse y recaudar fondos para poder ayudar a sus comunidades de origen. Hacían bailes, rifas y vendían comida entre ellos para poder recaudar capital.

El proyecto de las comunidades guerrerenses inició a partir de que en la comunidad de Amealco se llevaban a cabo obras de beneficio social. Tuxiapan y El Potrero ya existían como grupos organizados en comité.

Entre los años 1987 y 1988 Amealco se registró como club. Fue el primer club registrado ante el Consulado. Después vinieron otros, como Tipilulco, Coacoyula, El Naranjo, Tlatzala, etc. Algunos aún forman parte de la Federación, y otros se han retirado –Amealco continúa integrado.
En 1996 el entonces gobernador de Guerrero José Francisco Ruiz Massieu, tenía conocimiento de la existencia de estos grupos, incluso, el ex gobernador ya había puesto un representante en el Consulado en Chicago. Se trataba de Bernardo Rosendo.
Existía la atención de parte de Ruiz Massieu hacia la comunidad guerrerenses en Chicago, a pesar de que no existían como grupo, ya que ésta era una especie de asociación, pero no con los vínculos tan fuertes como se vienen dando con la Federación de Guerrerenses.

A partir de ese mismo año los grupos se empezaron a organizar de manera sólida a través de la Federación de Guerrerenses. Fue, básicamente una fusión de la asociación y los nuevos grupos que en ese momento tomaban un impulso grande e importante.

Dicha asociación tenía los mismos objetivos que tienen ahora los 30 clubes que conforman la federación.
Los clubes comenzaron por ayudar a construir la iglesia con sus propios recursos. Así lo expresa el presidente de la Federación:"En aquel entonces el gobierno no destinaba recursos que pudieran ayudar a restaurar o a construir las iglesias; entonces comenzamos con programas donde nosotros poníamos todo el recurso económico".

Después se abrieron los programas donde los clubes de guerrerenses comenzaron a trabajar con el gobierno del estado de Guerrero, fue entonces que firmaron el primer convenio con el gobierno estatal. Arrancaron trabajando con el programa Uno por uno, en 1981.

Este programa les favoreció de tal manera que percibieron apoyo de los municipios de Guerrero, ya que los presidentes municipales se interesaron. Así lo manifiesta Fabián Morales: "en aquel entonces el presidente municipal de Cocula nos apoyó bastante a nosotros los de la comunidad de Xonacatla, y la primera obra fue la construcción de la carretera de Xonacatla".

Uno de los retos importantes fue tener un acercamiento sólido con el gobierno del estado de Guerrero y hacer que éste firmara un acuerdo tan importante como el programa Tres por uno en el trienio del ex gobernador Ángel Aguirre Rivero. Este acuerdo se firmó cuando Manuel Martínez era presidente de la Federación de Guerrerenses.


Un día en la vida de un migrante guerrerense
Los primos de Demetrio y su hermano se levantan muy temprano. Salen a trabajar. Son las cinco de la mañana. Demetrio continúa dormido, sin embargo, su reloj biológico está a una hora de decirle: "Despierta, tienes que ir a trabajar", o quizá: "Despierta tu vejiga está llena y tienes que ir al baño", o aún peor: "Despierta tu estómago tiene hambre".

Son las 5:35 horas y el sol ya salió en Chicago. Aunque no lo crea en Chicago amanece muy temprano y en especial para los guerrerenses. Demetrio se reacomoda en el sofá que utiliza para dormir, pues resulta que el departamento en que vive sólo hay tres recámaras: una ocupada por su prima y esposo, otra por sus dos hermanos y la última por el que esto escribe (y a quien Demetrio muy amablemente se ofreció a darle alojamiento sin importarle que ocupara su recámara).

Ni las ganas de ir al baño ni el hambre lo despertaron. A sus 43 años su instinto de responsabilidad está más atento que nada. Demetrio despierta; se alista para salir a su trabajo. Junto con su hermano salen rumbo a su empleo.

Demetrio compró su tarjeta de Seguro Social falsa y su tarjeta verde (green card) falsa por $100 dólares, no le fue difícil, pues en Chicago abundan lugares donde se pueden conseguir fácilmente; trabaja de lunes a viernes en la construcción, invitó a su hermano a trabajar con él. Es un empleo que le resulta no muy agradable, pero tampoco se queja. Gana cerca de seis a ocho dólares por hora. Lo suficiente para pagar la escuela de su única hija quien estudia medicina en Acapulco, darle algo a su esposa que es educadora en Chilpancingo y de paso guardar unos cuantos dólares para él —Cada que charlamos acerca de su familia, Demetrio se traslada en tiempo y espacio, su cara lo expresa con una mueca de nostalgia al recordar a su familia.

Recorren en su auto cerca de 45 minutos para llegar a su trabajo. Y entonces, comienza la acción: su patrón que es un migrante de origen ruso, le da instrucciones de a qué lugar y a qué casa debe acudir para realizar su trabajo. Éste puede consistir desde arreglar una pared o cambiar un techo, hasta construir una casa habitación.


Por este día a Demetrio y a su hermano les encargaron cambiar un techo. Cosa no muy fácil, pero que con dos años de experiencia pueden terminar su trabajo en dos o tres días.

El trabajo es agotador, dan las doce del día y tienen media hora de descanso para poder desayunar o como ellos dicen: "Comer el lonch".

Demetrio comenta que la construcción no ha sido su único trabajo desde que llegó a Chicago, que él ya había trabajado cortando pasto: "Lo más difícil de todo fue conseguir empleo. Por el idioma, en los barrios mexicanos el inglés no es muy necesario a comparación de estos lugares donde hablan puro inglés. La verdad es que estuve dos semanas sin trabajo. Mis primos me hacían el favor de ayudarme con la comida y vivienda".

Agrega: "Mi primer trabajo fue cortador de yarda. Fui a lo que llaman aquí empleo temporal, metes tu aplicación y si te necesitan te llaman, si no, pues no (que obvio). Regularmente no te llaman, porque hay mucha gente que quiere trabajo. A mí me llamaron como a los dos meses y medio, y a trabajar sólo fui un par de días. El primer día me dieron 37 dólares y el otro 52, por toda la noche.

"Actualmente estoy aquí en la construcción y remodelación de casas, casa habitación. Es un trabajo seguro" –reafirma.

Demetrio terminó la carrera de ingeniero civil en la Universidad Autónoma de Guerrero, sin embargo, no tenía un trabajo que le garantizara el bienestar de su familia y sobre todo la educación de su hija. Fue por ello que decidió irse a Estados Unidos.

Es medio día; terminan el almuerzo y continúan con el trabajo. "El cambio de este techo nos llevará unos tres días si bien nos va". Y es que el techo estaba demasiado dañado. Terminan sus ocho horas de labor; se reportan con su jefe y deciden regresar a casa.
Los dos hermanos llegan a su casa a las 6 de la tarde. Su cuñada llegó antes que todos, y es ella quien cocina para todos. Comemos todos juntos, charlan algo relacionado con sus familias y el trabajo. Descansan todos un rato, sentados frente al televisor, su única diversión en días de trabajo.
Una hora más tarde Demetrio recibe una llamada telefónica en su celular. Son sus primos, quienes lo invitan a jugar basquetbol. Invita a sus hermanos y primo y salen a jugar.
Después de aventarse una serie de partidos, regresa casa; se da una ducha; ve las noticias de las diez y merienda algo.
Por hoy no dormirá temprano ya que charlaremos de lo que sucede en Guerrero y de sus experiencias como inmigrante en la gran ciudad: Chicago.
Mañana será otro día de trabajo para Demetrio Reyes Silva.
La Dirección General de Atención a Guerrerenses en el Extranjero
En Chilpancingo se encuentra la Dirección General de Atención a Guerrerenses en el Extranjero (DGAGE) —única institución que se encarga de los migrantes guerrerenses—, actualmente el coordinada por Rodrigo Cortés. La principal labor de esta dirección es, organizar trabajos con los guerrerenses radicados en Estados Unidos.
La principal labor de esta dirección es, organizar trabajos con los guerrerenses radicados en Estados Unidos; trabaja en conjunto con la Federación de Guerrerenses Radicados en Chicago que preside Greg Salgado; con los Clubes Unidos de Guerrerenses del Medio Oeste representado; con el grupo que radica en el Este con cede en Atlanta dirigido por Jesús Brito; en Nebrasca José Luis Marino; en California con Raúl Galeana; en Nueva York con Agustín Bedolla.
Trabajan en conjunto con los 50 consulados que actualmente se encuentran en las principales ciudades de Estados Unidos, llevan a cabo programas de beneficio social en sus comunidades de origen, a través, del programa Iniciativa Ciudadana 3 por 1, para ejecutar obras de beneficio social, como: pavimentación de calles, construcción de sistemas de agua potable, centros deportivos, centros de salud, rehabilitación de iglesias y plazas cívicas.
Coordinan así mismo, el programa de ingreso a derecho-habientes del Seguro Social para los familiares de los migrantes-guerrerenses, radicados en Guerrero y programa de becas para hijos de guerrerenses que únicamente curse la universidad en Estados Unidos.
La Secretaría de Desarrollo Social en el Estado de Guerrero, tiene acuerdos de protección al migrante junto con la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Migración y la Coordinadora Nacional de Atención a migrantes. Además da apoyos a los familiares de personas fallecidas; se coordinan con el Consulado, no importa el Estado de Norteamérica en que haya fallecido.
La Sedeso en Guerrero lleva 15 años de coordinación con los guerrerenses radicados en Estados Unidos. En sus inicios la Secretaría de Gobierno se encargaba de organizarse con los oriundos de guerrero radicados en Estados Unidos. Tiempo después, y por Decreto, el 30 de abril de 1991, en el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu se creó la Coordinación de Federaciones de Guerrerenses en el Exterior.
El decreto dice textualmente en su artículo quinto: "Se crea la Coordinación de Asociaciones de Guerrerenses en el Exterior, para promover obras de beneficio colectivo, como unidad administrativa directamente adscrita al Titular del Ejecutivo."
Este decreto fue publicado en el Periódico Oficial del Estado de Guerrero, fechado el 30 de abril de 1990.
Las remesas de migrantes, un vínculo material que refuerza una identidad familiar y cultural
El envío de remesas de los guerrerenses a su lugar de origen, representa los vínculos que los migrantes mantienen con sus hogares o sus comunidades. El beneficio es directo y evidente. Se trata de un flujo de divisas considerable que además ha venido creciendo en los últimos años.
En el 2003 un estudio realizado por el Banco de México menciona que Guerrero recibió 683 millones de dólares por concepto de remesas, así mismo, se encontraba en octavo lugar en cuanto a este rubro después de Michoacán (mil 685 millones de dólares), Jalisco (mil 275 millones), Guanajuato (mil 211 millones), el Estado de México (mil 24 millones), Puebla (782 millones), Veracruz (769 millones de dólares).
Actualmente según la DGAGE los más de 950 mil oriundos de Guerrero que viven en Estados Unidos, aportan mil 200 millones de dólares anuales a la economía guerrerense. Observamos entonces que el aumento en un año es cerca del 50% en cuanto al envío de remesas.
En la encuesta que realizamos a los migrantes guerrerenses en Chicago nos abre el panorama para afirmar que envían porcentajes que oscilan alrededor del 30% de sus ingresos. Ya que remiten en cada remesa, en promedio, 300 ó 380 dólares, que alcanza una cantidad total promedio —la media sería partiendo de 340 dólares— por año de 4 mil 80 dólares. Algunos otros en menoría envían remesas a sus familiares en Guerrero por una cantidad promedio de 500 dólares mensuales, es decir, poco más de la mitad de su salario promedio mensual.
Tomando en consideración lo anterior deducimos que el promedio anual de envío de remesas de los migrantes-guerrerense radicados en Chicago hacia el Estado de Guerrero es de un millón 428 mil dólares.
Estos datos revelan el importante papel que cumplen las remesas dentro de la economía de los hogares guerrerenses, ya que según el INEGI (2000) en el Estado de Guerrero este flujo de divisas representa en promedio —dentro de los hogares que las reciben— el 7.9% del ingreso total del hogar.
Cabe destacar que este porcentaje tiende a ser significativamente mayor en casi todos los municipios que conforman la región emergente de la emigración en el Estado de Guerrero.
Se puede corroborar, también, el papel vital que esta fuente de ingreso cumple al interior de los hogares guerrerenses, ya que el INEGI (2000) reportó que el 31.6% de los hogares que reciben remesas, éstas constituyen la única fuente de ingresos.
Es pertinente señalar que la mayoría de los trabajos disponibles dan cuenta de un patrón general del uso de las remesas en México, congruente con numerosas experiencias en el Estado de Guerrero, que indican que la mayoría de los recursos recibidos se gastan en la satisfacción de necesidades básicas, en la adquisición de bienes de consumo duradero y en la compra y mejora de vivienda, mientras que sólo una pequeña proporción se destina al ahorro y a la llamada inversión productiva.
Bajo estas circunstancias, podemos señalar que las remesas fungen como un paliativo social y económico para miles de hogares guerrerenses, al brindar la oportunidad de acceso a mejores estándares de vida. Recordemos, en este sentido, que las remesas llegan directamente a los hogares de los familiares de los migrantes y cumplen un papel determinante en el sostenimiento familiar.
Es así como los migrantes guerrerenses en Chicago ven por el futuro de sus familias aquí en Guerrero; es el resultado del esfuerzo de las mujeres y los hombres que en la adolescencia se aferraron a sus sueños; allí están los adolescentes (mujeres y hombres) a los que la realidad les hace creer que lo sueños son posibles…